martes, 27 de marzo de 2012

A PLENO PULMÓN Revivir al Padre José

Escrito por: FEDERICO HENRÍQUEZ GRATEREAUX (henriquezcaolo@hotmail.com)


  Pelegrin Castillo cita a menudo al “padre José”, el famoso ayudante especial del cardenal Richelieu: Père Joseph du Tremblay, un sacerdote capuchino a quien Richelieu encargaba delicadas misiones políticas. A este hombre se atribuye un aforismo terrible: “los príncipes gobiernan las naciones y los intereses gobiernan a los príncipes”. Père Joseph murió en 1638, víctima de apoplejía. El libro –deliberadamente breve- que Pelegrin acaba de publicar, se titula “Haití y los intereses nacionales”. Es claro que se refiere a los intereses nacionales de los dominicanos y de los haitianos; pero también a los intereses de franceses, ingleses, norteamericanos. Las relaciones entre países se componen de intereses contrapuestos, coincidentes o complementarios.

  La diplomacia es el arte de “navegar” airosamente sobre los intereses que, como dice père Joseph, “gobiernan a los príncipes”. Aunque el expresidente Clinton haya pasado su luna de miel en Haití –y tenga de ella los mejores recuerdos- los intereses de los EUA estarán por encima de cualquier consideración sentimental. Desde que Haití alcanzó su independencia los EUA han “cuidado” los intereses de Francia en esa “porción de la isla; fue así desde los tiempos del tercer presidente de los EUA, el prócer Thomas Jefferson. ¿Para que molestar al gobierno de una gran potencia europea?

  Este extraordinario estadista norteamericano no fue solamente el redactor de la “Declaración de Independencia” de los EUA, el autor del Estatuto de la Universidad de Virginia; también es el responsable de la compra de La Luisiana a Napoleón. Jefferson completó la unidad continental de su país. Luciano Bonaparte manejo los papeles de venta de ese territorio inmenso, después del fracaso militar de su cuñado Leclerc en Haití. Si Napoleón limitaba sus campañas al Viejo Mundo, mucho mejor para la naciente “unión americana”.

Las antillas, mayores y menores, constituyen un abigarrado mosaico antropológico. España, Francia, Inglaterra, Holanda, África y la India, están presentes en costumbres, expresiones idiomáticas, comidas, aderezos. En una isla pequeña de estos mares nació Alexander Hamilton, creador del “código de cuentas” del Tesoro Norteamericano. Está por verse si las lecciones del padre José podrán aplicarse en regiones tropicales, sembradas de cocoteros, donde el brillo del sol nos impide a veces distinguir entre lo real y lo posible.

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